Kamikaze navideño.

Sabía desde un principio a lo que me iba a exponer esa tarde calurosa de diciembre, y aún así despegué mi ser de aquella banca en el parque, me despedí amablemente de los fantasmas que me acompañaban y emprendí el camino hacia el céntrico infierno.

Mi visita iba a ser un desastre, desde el momento en que partí empecé a ser bombardeado por las melosas voces de duendes navideños camuflados de toribianitos ~ugh~ como si no fuera suficiente, los desgarradores gritos de ambulantes ocasionales tratando de deshacerse de sus chucherías propias de la temporada, los mismos que iban aumentando exponencialmente a medida que me adentraba a la jungla comercial.

El minutero empezaba a asediar al horario, y mi cuerpo avanzaba sólo por inercia y comenzaba a diluirse entre aquel mar de humanos multicolores envueltos en papel de regalo hasta el cuello, todos con una sonrisa comercialmente correcta.

El sol se mimetizó junto con la luz artificial de los postes, y acabó de morir entre vetustos edificios, abandonándome entre blah blah blah//edit!

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